29 de diciembre de 2017

Aulas en red: una escuela que evoluciona



Hace unos días acaba de salir el número 27, julio-diciembre 2017, de la revisa Contratexto (DOI: 10.26439/contratexto), de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Lima. En este número, Julio César Mateus ha elaborado una reseña –que reproduzco líneas abajo- del libro que Begoña Gros y yo editamos a inicio de este año, Pedagogía Red. Agradezco a @juliussinmundo por  su tiempo y sus valiosos comentarios hechos desde la percepción de un comunicador a quien la educación le importa mucho.




Aulas en red: una escuela que evoluciona. Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet (2016). Begoña Gros Salvat y Cristóbal Suárez-Guerrero (editores). Barcelona: Ediciones Octaedro.

Por Julio César Mateus 
(Universidad Pompeu Fabra, Barcelona)

El paso de la comunicación oral a la escrita significó la primera ruptura del paradigma educativo por cuenta de una nueva tecnología. Como todo quiebre, no estuvo exento de críticos y obstáculos. El mismo Platón, por ejemplo, consideró la escritura perjudicial para la memoria, pues el proceso formativo se resiente al confiar una función orgánica a un dispositivo externo. Posteriormente, la imprenta y, siglos después, las tecnologías de comunicación de masas auspiciaron otras rupturas sustantivas con las formas de aprender. En ambos casos, cobró cada vez mayor relevancia el aprendizaje informal o invisible. La declaración firmada en la ciudad alemana de Grünwald, en 1982, por un grupo de investigadores convocados por la Unesco, daba cuenta de la cuestión aún en tiempos predigitales:

En lugar de condenar o aprobar el indiscutible poder de los medios de comunicación, es forzoso aceptar como un hecho establecido su considerable impacto y su propagación a través del mundo y reconocer al mismo tiempo que constituyen un elemento importante de la cultura en el mundo contemporáneo.

El auge de la cultura audiovisual supuso la preocupación de muchos críticos —como los italianos Giovanni Sartori o Raffaele Simone— por la presunta degradación del conocimiento, pero también la aparición de otros intelectuales menos pesimistas, como Jesús Martín-Barbero, quien cree que el sistema de medios no es sino un “reto que pone al descubierto el carácter obsoleto de un modelo de comunicación escolar que, acosado por los cuatro costados, se coloca a la defensiva desfasándose aceleradamente de los procesos de producción y circulación del conocimiento que hoy dinamizan la sociedad”. 

El proceso de digitalización y, en particular, la aparición de internet —metamedio por excelencia— han provocado un cambio radical en las prácticas de producción y consumo informativo, cuyo impacto educativo, sin embargo, no acabamos de interpretar —o preferimos hacer limitándonos a la aplicación en sí—. Una vez más, críticos mordaces, como Nicholas Carr o Mario Vargas Llosa, señalan, con tintes distintos, que la desintermediación y profusión informativa desorganizan la cultura, mal acostumbrándonos a una interacción más superficial o degradando sus contenidos en favor del espectáculo. En la otra vereda, hallamos promotores más entusiastas del cambio y de las oportunidades que la instalación de la red de redes comporta. En ese contexto es donde leemos Pedagogía red. Una educación para tiempos de internet, libro multiautoral editado por los profesores Begoña Gros Salvat, de la Universitat de Barcelona, y Cristóbal Suárez-Guerrero, de la Universidad de Valencia, cuya finalidad es articular una reflexión que usa como eje la metáfora de la red y es aplicada especialmente al ámbito de la educación superior.

El libro está formado por ocho capítulos firmados por once investigadores que, desde diversas disciplinas, trascienden la tesis de internet como el dispositivo que facilita o soluciona problemas. Las propuestas del libro se instalan, más bien, en una línea vygotskiana que contextualiza los procesos de enseñanza-aprendizaje en los marcos del medio social y la cultura. Cada capítulo responde una pregunta, siguiendo el estilo mayéutico con el que Sócrates incentivaba la búsqueda de la verdad. Las preguntas que se abordan son estas: ¿cómo valorar lo que se aprende en red?, ¿cuándo aprenderlo?, ¿dónde?, ¿con quién?, ¿con qué?, ¿cómo?, ¿qué?, y ¿por qué hacerlo? Los propios editores advierten en la introducción que “la pedagogía también tiene esa vocación por buscar, gracias a las preguntas, la movilidad de las ideas y la crítica para ir más allá de la moda o el automatismo con que a veces se puede asumir internet en la educación”.

En diversos apartados, los autores cuestionan los sentidos y valoraciones de los aprendizajes en la red en los terrenos formal e informal, haciendo hincapié en el desarrollo de capacidades. Precisamente qué capacidades son formadas y cómo son algunas de las cuestiones más interesantes. Del mismo modo, en varias páginas se discute el impacto de la disolución del espacio/tiempo y la aparición del aprendizaje ubicuo y asíncrono materializado en plataformas móviles, sistemas de gestión de aprendizaje virtual y fenómenos globales como el de los cursos en línea masivos y abiertos (mejor conocidos por sus siglas en inglés: MOOC).

Una de las ideas que atraviesa con fuerza los distintos capítulos es la del “aprendizaje en internet”, que remite tanto al aprendizaje sobre la red como al aprendizaje en red. Del mismo modo, se insiste en la naturaleza social del aprendizaje, al tiempo que se presentan reflexiones en torno al sentido y las finalidades de la educación en la nueva ecología transmedial. Bien se señala en los párrafos introductorios:

Como aprender no es aséptico al entorno donde sucede, algo debemos exigir a la reflexión educativa para ir más allá de la sustitución de un recurso por otro. Lo radical del cambio es comprender que aprender puede estar enmarañado en una nueva capa de acción y representación en red.

Muchas publicaciones inundan las librerías con catálogos de herramientas tecnológicas vendidas como recursos didácticos, prescripciones sobre el uso idóneo de los medios y casos de éxito de innovaciones y emprendimientos difícilmente generalizables. Por si fuera poco, se reproducen mitos reduccionistas como el de los “nativos digitales”, que han sido la coartada perfecta para persuadir a los educadores de aceptar con resignación una realidad donde siempre serán menos competentes tecnológicamente y menos necesarios pedagógicamente. Pocas publicaciones, sin embargo, reflexionan desde la propia teoría del aprendizaje sobre el impacto de los medios de comunicación, particularmente de internet. Quizá el mejor referente sea la propuesta del conectivismo desarrollada desde el mundo anglosajón por George Siemens y Stephen Downes, que plantea la importancia de las conexiones y los nodos en un mundo de conocimientos descentra- dos y caóticos. Concluyen estos autores que “nuestra habilidad para aprender lo que necesitamos mañana es más importante que lo que sabemos hoy”.

Por lo anterior, el mayor aporte de investigadores como Julio Cabero, Diego Levis y Francesc Llorens, convocados por Begoña Gros Salvat y Cristóbal Suárez-Guerrero, es precisamente recordarnos la urgencia de comprender los medios, más que como artefactos materiales, como experiencias sociales, y cuestionar si nuestras prácticas docentes no siguen siendo más de lo mismo. La sentencia que suscribimos es clara: lo educativo debe preceder a lo tecnológico.

27 de noviembre de 2017

El árbol y el bosque. ¿Basta la tecnología para cambiar la educación?



Hace poco escribí en mi cuenta de Twitter:
Investigo sobre el impacto de la tecnología en la educación –aunque queda mucho por trabajar sobre el impacto de la pedagogía en la tecnología-, diseño actividades en clase en la universidad usando tecnología, entiendo que la tecnología es un factor de desarrollo social y cultural pero trato de estar atento a sus dilemas, entiendo que la crítica –no solo como una capacidad de calificar o gritar, sino de estar cualificado para atender criterios que permitan discriminar mejor, y entiendo que la pedagogía -desde una mirada humanista y apoyada en diversas disciplinas- puede aportar una imagen integral de lo “digital” en la educación.

Pero a pesar de lo anterior cabe preguntar: ¿basta la tecnología para cambiar la educación? La primera respuesta es que el aprendizaje es un evento complejo, multidimensional, que depende de muchos factores. Esto que parece obvio suele desaparecer cuando -empujados por el entusiasmo y otras motivaciones- se suele adjudicar a la tecnología valor causal del aprendizaje: "está app aumenta el aprendizaje" o "tal dispositivo mejora la competencia x", suelen ser afirmaciones comunes cuando se trata de hablar de la eficacia de un artefacto. Por ejemplo, esta idea de la tecnología en la educación es común en la prensa: “tecnologías que están revolucionando la educación”. 

Se puede responder a la pregunta anterior desde, por lo menos, dos perspectivas: 

1. Por un lado, desde el punto de vista prescriptivo (cómo hacer para lograr X), esto es, a nivel de modelo de intervención educativa, la tecnología es un elemento al que siempre le faltará una buena idea educativa anterior.

Por ejemplo, si se atiende la noción de innovación educativa de la “Prácticas innovadoras de enseñanza y aprendizaje: Elementos clave para desarrollar aulas creativas en Europa”, es necesario tener en cuenta que la innovación no es un efecto de la aplicación de tecnología únicamente, sino más bien un concepto que se busca con anterioridad. La tecnología sola no es “palanca de cambio”, sino que se articula con otros factores para poder promover dicho cambio. En esta imagen, extraída de aquí, se puede ver todas las dimensiones que supone pensar un aula innovadora, en círculo rojo lo que compete directamente a la tecnología.

2. Por otro lado, desde el punto de vista que aporta la evidencia empírica (cómo es X), esto es, cuales son los factores que influyen en el rendimiento académico según la investigación sobre el aprendizaje, la tecnología es un factor.
 
Un buen trabajo que permite ver los factores que intervienen en el aprendizaje en aula es la línea de investigación desarrollada por Jonh Hattie. Este investigador, tomando como base 1400 metaanálisis, 80.000 estudios primarios que trata sobre 300 millones de alumnos, ha podido identificar 254 factores en juego, por lo menos los que reportan la investigación educativa, que influyen en el aprendizaje. A nivel de evidencia hay que entender que el efecto tecnológico en la educación –aunque hay quienes que lo niegan de plano, como Mayer (capítulo 8)- no es químicamente puro y que depende de un “juego” con otras variables a tender en cuenta. De los 254 factores que influyen en el aprendizaje escolar se pueden detectar estos factores relacionados con la tecnología. 


La innovación y el aprendizaje requieren tecnología, sí, pero precisan de algo más. La tecnología necesita que la educación le de sentido. Parte de ese sentido es pedagógico que permite ver el todo, el bosque, y no mirar únicamente el árbol.

28 de mayo de 2017

¿Aprender en red implica otra acción educativa?



Gracias a una breve estancia en el Instituto de Investigación Científica (IDIC) de la Universidad de Lima (Perú), tuve la oportunidad de trabajar algunos temas en torno a la relación educación y comunicación en la sociedad red, así como presentar algunos resultados de trabajos de investigación educativa con tecnología que vengo realizando. También fue la oportunidad de conocer, por fin, a la inestimable Teresa Quiroz una especialista en comunicación y educación que lidera un grupo de trabajo diverso e interesante, así como conocer a Peter Busse a quien agradezco su capacidad de gestión y la calidez con que coordinó las actividades en Lima. Ambos me hicieron sentir en casa.

Pero esta estancia también sirvió para presentar en Perú el libro que Begoña Gros y yo coordinamos: Pedagogía Red. Una educación para tiempos de internet, Octaedro, 2017. Al acto asistieron especialistas en formación virtual, alumnos y profesores de la Universidad de Lima y profesores y compañeros de toda la vida, de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A todas gracias por ser y estar.

La presentación estuvo moderada por Peter Busse y los comentarios estuvieron a cargo de Teresa Quiroz y Lucía Acurio, Directora de la Dirección de Innovación Tecnológica en Educación del Ministerio de Educación del Perú. Parte de esta presentación está editada en este video.



Lo que viene a continuación es el texto que Lucía Acurio empleó en su intervención y que ella gentilmente me cedió. Únicamente me he permitido añadir el título al texto, que también interrogante: 


¿Aprender en red implica otra acción educativa? 

Cuando en el Ministerio de Educación nos propusimos crear una Política que sirviera para transformar la educación apoyados en las tecnologías digitales, la primera pregunta que nos formulamos es la misma que me hice hace 21 años, cuando empecé mi incursión en el mundo de la tecnología  educativa: ¿lo más relevante de las tecnologías es que son un medio diferente al tradicional con el cual aprender,  gracias al cual, además, se nos facilita el “delivery” de los materiales didácticos, que en vez de ser transportados en formato de texto a gigantes almacenes, hoy pueden llegar en digital y, además, si contamos con Internet,  pues qué mejor, pueden ser descargados en línea?.   La pregunta era, entonces, ¿Es eso o es más? ¿Es eso o es mucho más?, ¿Es eso o es algo distinto?

Cuando leo este libro, encuentro esas mismas interrogantes que abrieron el debate en la educación peruana, con respecto a la introducción de las nuevas tecnologías, y que nos regresa a la primera pregunta que nos formulamos todos quienes estamos en busca de lograr una educación de calidad: ¿Por qué aprender con las tecnologías digitales? con su aplicación, ¿dónde percibiremos ese impacto anhelado?  En este trabajo, veo que toman el toro por las astas cuando abordan concretamente una de estas tecnologías, la de la oportunidad educativa que supone la Internet, la de la Sociedad Red, como se menciona en la presentación del libro, al preguntarse por qué aprender en red.

Cristóbal Suárez compartió conmigo esta investigación que han titulado Pedagogía Red, una educación para tiempos de Internet, y lo he disfrutado y he aprendido muchas cosas. Es por ello que quiero empezar agradeciendo a Cristóbal por la invitación a comentar este trabajo.  Cristóbal formó parte del equipo consultor para el diseño de la Estrategia Nacional de Tecnologías Digitales en la Educación básica, instrumento de política que recientemente hemos oficializado.

Pienso que Pedagogía Red da pasos claves en el debate al plantearse el qué, el cómo, con qué, dónde, cuándo y con quién se aprende en espacios propios de la pedagogía red, aquella pedagogía de cooperación por excelencia y, además, al abordar la valoración de la educación en tiempos de Internet, exponiéndonos frente a un complejo desafío: ¿cómo evaluar lo que aprendemos en red?

Voy a centrarme, en estos minutos, a comentar el capítulo 5, que titula Con Quién aprender, nuevos perfiles educativos en red, precisamente el de Cristóbal Suarez, de la Universidad de Valencia, y Paola Ricaurte, del Tecnológico de Monterrey.  Y empiezo  refiriéndome a ello que Cristóbal y Paola describen como “el otro”, (…que sacado de contexto puede ser un personaje de novela de amor y pasiones), pero para el tema que nos convoca, es ese otro que puede aportar en el aprendizaje  cuando el entorno educativo no es el aula estándar, no es ese espacio institucional formal,  sino que es el Internet, cuando tenemos oportunidades de aprendizaje abiertas, cuando aprender supone una naturaleza social y una instrumentalización cultural,  cuando en ese  entorno se generan relaciones y comunidades, redes con metas compartidas,  con la posibilidad de formar parte de esa llamada gran cognición distribuida, generadora de conocimiento.  Son varios de estos conceptos muy interesantes, de teóricos que estudian la Sociedad Red y que son finamente dibujados por Cristóbal y Paola para resaltar la importancia que tiene que entendamos Internet como ambiente social de aprendizaje, más que como un entorno tecnológico, ambiente donde los otros pueden ser nuestro propios pares, que pueden ser docentes, investigadores, estudiantes o escuelas que interactúan,cooperan, coevalúan, investigan o comparten conocimiento entre iguales, y entre no tan iguales también.  Los otros pueden ser también los “creadores novatos”, como los llaman acá, o expertos y menos expertos en un mismo propósito creativo.

No quiero dejar de resaltar algunos de los valiosos aportes a la discusión sobre el Internet en la Educación de este capítulo:

En primer lugar, a lo que denominan como “formas inéditas y emergentes de comunicación y coordinación de masas, coexistiendo en Internet con distintas formas de comunicación tradicional.

En segundo lugar, la lectura acerca del funcionamiento de la red y de su estructura, me ayudan a entender de mejor manera, el sentido que tiene la creación de comunidades junto con  las dinámicas de interacción que se produce en Internet y, sobre todo, el rol que el estudiante debe asumir en esa llamada estructura reticular,  con estrategias para sacarle el jugo a sus potencialidades en red.

La forma clara en cómo interpretan la necesidad de una cultura educativa de Internet como un rico espacio de aprendizaje con oportunidades de cooperación para la solución conjunta de problemas y la construcción de inteligencia colectiva, es uno de los aportes que destaco en esta investigación.

El trabajo también me ayudó para percibir mejor eso que Cristóbal y Paola le llaman la riqueza de aprender en red, donde los sujetos, las acciones y los perfiles de aprendizaje ya no son los mismos y ya no pueden estar centrados en el docente porque la producción del conocimiento es ahora social, y no necesariamente solo de los estudiantes, sino de otros participantes.

Y sobre la tipología de tecnologías cooperativas, más bien me encantaría que Cristóbal haga una actualización, considerando que el autor al que hace referencia, la construyó en el 2005 y que, además, en todos los capítulos de esta investigación se introducen una serie de conceptos, algunos nuevos para mÍ, como la nueva ecología del aprendizaje con ese carácter ecosistémico de la red, o como aquel que llaman el tecnomadismo del usuario social, con su sentido nómada, o rednómada (este me lo acabo de inventar).

Termino, simplemente con una frase que, para mí, resume la esencia del mensaje de este trabajo: el objetivo es aprender, no usar Internet, y esto implica OTRA acción educativa.

Muchas gracias.     

Lucia Acurio
Lima, 19 de abril de 2017